Hola a todos bienvenidos una vez más a Enredados entre Libros, el día de hoy les traigo mi participación del reto Fuego en las Palabras del Blog Crónicas de la loca que cazaba nubes, las bases se pueden revisar dando clic AQUI y son las siguientes:
1.- Aquí se dan la opción tanto de poema como de relato.
2.- Máximo 350 palabras (algo más flexible) que en la opción A, pero...
3.- Además de que el tema central sea la infancia, tienes que incorporar en tu texto, al menos una de las frases de esta preciosa canción de Rozalén.
4.- Plazo abierto hasta la medianoche del día 9 de mayo (hora de España peninsular).
En esta ocasión, les traigo un relato que navega entre el aroma del romero y el ingenio de la supervivencia familiar, recordándonos que la niñez no siempre fue un cuento de hadas, pero sí una excelente escuela de la ironía. Sin más, les comparto este ejercicio de nostalgia y sarcasmo que consta de 312 palabras:
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Poesía, Romero y Otras Negligencias
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Mi infancia olía a romero, a tomillo y a lavanda, básicamente porque mi madre usaba esos aromas para ocultar que el gato se había orinado en la colección de poesía clásica. Crecí rodeada de libros de medicina antiguos que recomendaban arsénico para la tos y tomos de lectura obligatoria que usábamos principalmente para calzar la mesa del comedor.
Mi padre era un genio de la evasión metafórica. Al refugio de los cuentos de mi padre, logré ignorar que el "monstruo del armario" era en realidad el tío Segismundo escondiéndose de sus acreedores. Mientras mi padre me leía epopeyas sobre héroes invencibles, él mismo sucumbía ante siestas épicas, dándome una educación literaria basada en el ronquido rítmico. Aquella era la verdadera magia: creer que los colchones de lana que se hundían en el centro eran portales a otras dimensiones, y no solo una trampa mortal para la columna vertebral de la familia.
En verano, el ritual era siempre el mismo. Me ponía dos cerezas en las orejas, dejando que el almíbar atrajera a todas las moscas del condado, y sostenía un libro pesado para parecer una niña prodigio mientras planeaba mi fuga. Los vecinos decían que yo era "especial" porque pasaba horas mirando el río estancado; en realidad, esperaba que la contaminación me diera superpoderes para salir de aquel pueblo olvidado por Dios.
Yo quiero volver al cuándo, no quiero volver al dónde. El "dónde" ahora es un suburbio gris con exceso de Wi-Fi, pero el "cuándo" era esa época dorada donde la negligencia parental se disfrazaba de "fomentar la autonomía". Qué tiempos aquellos, cuando curaban las heridas de mis labios con aceite de oliva porque el alcohol de botiquín se lo había bebido el tío Segismundo. La infancia es como un poema de vanguardia: nadie lo entiende realmente, la rima es un desastre y el autor claramente no estaba en sus cabales.
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Con esto concluimos el día de hoy, espero que
les guste esta entrada, como siempre me encantaría conocer su opinión al
respecto.
¡Nos vemos en la próxima, chao!

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Hola, ¡un relato magnífico, me ha encantado!. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias
Eliminarhola
ResponderEliminarque bien has utilizado todas las palabras, me ha encantado
besotesssssssssssssssss
Gracias
Eliminargran relato
ResponderEliminarGracias
Eliminar¡Qué precioso, gracias por compartirlo!
ResponderEliminarUn abrazo fuerte <3
Gracias
Eliminar¡Hola, Cecy!
ResponderEliminarDe verdad que me has hecho disfrutar muchísimo con tu relato. No solo cuentas mucho en pocas palabras, sino que lo hilas con maestría. Además, no te has conformado con elegir solo una frase de la canción, sino que has seleccionado algunos otros elementos y los has trasladado a tu historia como si siempre hubieran pertenecido a ella y no me parece que sea nada fácil.
Gracias por participar un mes más en #Fuegoenlaspalabras
¡Enhorabuena por una historia tan bien contada!
Gracias
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