lunes, 27 de julio de 2026

Escrito y Enredos: Julio 2026- El escritor y el terror que acechaba

Escrito y Enredos: Julio 2026- El escritor y el terror que acechaba

¡Hola a todos! Bienvenidos una vez más a Enredados entre Libros, mi rincón personal dedicado a los amantes de las buenas historias, donde las letras nos conectan y la imaginación no tiene límites. Hoy quiero invitarte a dejarte llevar y sumergirte en la lectura de mi más reciente relato; un viaje a través de las palabras que he preparado con mucho cariño y que, espero, te atrape desde la primera línea.

 

Acomódate, desconecta del ruido exterior y ¡disfruta de la lectura!

 

╔╦═══════• • • •═══════╦╗

El escritor y el terror que acechaba

╚╩═══════• • • •═══════╩╝

En el centro de una ciudad bulliciosa, en un pequeño apartamento ahogado por el olor a café rancio, libros viejos y montañas de manuscritos, vivía Esteban. Durante meses, el mundo exterior había dejado de existir para él. Se había entregado en cuerpo y alma a su última novela: una retorcida historia de terror psicológico que había devorado su cordura. La trama giraba en torno a una casa encantada, un receptáculo de dolor donde los espectros del pasado no solo atormentaban a los vivos, sino que los consumían capa por capa.

Una noche, justo cuando el reloj de la iglesia cercana marcaba las tres de la madrugada, Esteban tecleó el punto final. Se reclinó en su silla de mimbre, contemplando la pantalla iluminada. Era su obra maestra. Una satisfacción fría le recorrió la espina dorsal, pero la euforia se evaporó de golpe, sustituida por una inquietud asfixiante. El silencio de la madrugada se volvió denso. Miró a su alrededor; las estanterías atestadas y las sombras de los muebles parecían estirarse de forma antinatural. La sensación era inequívoca: algo lo observaba, agazapado en los rincones donde la luz no lograba llegar.

De repente, un ruido extraño quebró el silencio desde el pasillo. No era el crujido común de la madera, sino un siseo suave, rítmico y constante, como el roce sutil de un vestido de seda arrastrándose contra el suelo. Esteban se puso de pie de un salto, con el corazón golpeándole el pecho como un animal enjaulado. El miedo le dictaba quedarse allí, pero la curiosidad patológica del escritor lo empujó a dar el primer paso. Caminó lentamente, conteniendo la respiración, hacia la negrura del pasillo.

Al llegar al umbral, el aire se congeló. Allí, recortada contra la débil claridad que entraba por la ventana de su dormitorio, vio a la figura. Era una mujer alta y delgada, luciendo vestido blanco andrajoso. Su pelo, largo, negro y húmedo, caía en mechones desordenados sobre un rostro de una palidez cadavérica. Pero lo peor eran sus ojos: dos cuencas completamente oscuras, vacías de toda humanidad, que reflejaban la nada absoluta. Era la descripción exacta, palabra por palabra, de la entidad que él mismo había engendrado en su novela.

Esteban soltó un grito desgarrador, un sonido gutural que rasgó la noche. En ese mismo parpadeo, la mujer se disolvió en el aire como humo negro. Preso del pánico, corrió hacia su dormitorio, azotó la puerta y pasó el cerrojo con manos torpes y temblorosas. Se dejó caer de espaldas contra la madera, abrazándose las rodillas, oyendo únicamente el eco ensordecedor de sus propios latidos durante lo que pareció una eternidad.

Cuando el alba comenzó a teñir el cielo de un gris pálido y la luz del día le devolvió una pizca de coraje, Esteban se atrevió a girar el cerrojo. Salió con cautela al pasillo, con la mirada fija en el suelo. La figura ya no estaba. Intentó convencerse de que el agotamiento mental, la falta de sueño y la obsesión con su propio libro le habían jugado una mala pasada; una alucinación provocada por el estrés.

Sin embargo, al regresar a su escritorio para apagar el ordenador, descubrió algo que le heló la sangre. Debajo del punto final que él había escrito horas antes, el cursor parpadeaba al final de una línea nueva que él jamás había tecleado:

«Gracias por darme cuerpo. Ahora me toca escribir a mí».

Desde esa noche, las luces del apartamento nunca volvieron a apagarse, y Esteban comprendió que el peor terror de un escritor no es la página en blanco, sino el día en que tus propias creaciones deciden que ya no quieren ser solo tinta.

❁━━━━━━✧❁✧━━━━━━❁

Con esto concluimos el día de hoy, espero que les guste esta entrada, como siempre me encantaría conocer su opinión al respecto.

 

¡Nos vemos en la próxima, chao!

Escrito y Enredos: Julio 2026- El escritor y el terror que acechaba



 

3 comentarios:

  1. ¡Hola, Ceci!
    Wow, ¡qué mal rollo!. Me ha encantado el nombre del protagonista, (alguien a quien quiero mucho se llama Esteban) y lo envolvente de la atmósfera que consigues crear. ¡Lo he disfrutado mucho!
    Un abrazo desde Saqueadores de Palabras

    ResponderEliminar
  2. Hola, un relato bastante inquietante, me ha gustado mucho, y eso que no soy de este género. Muchas gracias por compartirlo, como siempre, un placer leerte.

    Besos desde Promesas de Amor, nos leemos.

    ResponderEliminar

Gracias por visitarme. Me encantaría saber lo que opinas de este tema, por favor déjame tu comentario.

Este blog siempre devuelve los comentarios, así que puedes activar las notificaciones para seguir la conversación.