Reseña: Crisálida– Fernando Navarro
julio 29, 2026¡Hola a todos! Bienvenidos una vez más a Enredados entre Libros. Espero que estén teniendo un día excelente. Hoy regresamos al blog con una nueva reseña que tenía muchas ganas de compartir; espero que les guste:
—————[Sinopsis]—————
La niña Nada abre los ojos en la cama de un sanatorio al que no sabe cómo ha llegado. Los recuerdos, las pesadillas y los ensueños provocados por los fármacos la trasladan a un tiempo anterior, cuando sus padres se la llevaron, junto con sus cuatro hermanos, a vivir a un bosque de secuoyas perdido en algún lugar entre las Alpujarras granadinas y Sierra Nevada. Allí, poco a poco, la violencia y la locura se apoderan de toda su familia, en especial de su padre, al que apodan el Capitán, un hombre atormentado y paranoico por el que Nada siente una extraña fascinación. Asediada por una presencia inquietante que habita en el corazón del bosque, la niña aprende a crecer en mitad de una naturaleza tan viva como hostil, tan extraña como peligrosa.
Mitad folk horror, mitad novela de aprendizaje, Crisálida recrea un mundo sureño lisérgico donde el humor y la violencia se entrelazan para narrar una conmovedora historia de abandono infantil que bebe tanto del terror familiar de Shirley Jackson y Stephen King como de los dramas paternofiliales del cine de Víctor Erice y Carlos Saura.
—————[Opinión]—————
Esta novela ha resultado ser un verdadero acontecimiento literario en mi biblioteca personal, una de esas joyas extrañas y dificilísimas de clasificar que se te clavan en el cerebro y se niegan a marchar. El autor nos arrastra de los pies hacia un territorio literario sureño, lisérgico y salvaje. Su prosa parte desde una oralidad descarnada, que prescinde a ratos de los signos de puntuación tradicionales para construir un flujo de pensamiento magnético y a la vez profundamente sucio.
La premisa de la historia nos envuelve de inmediato a través de los ojos de Nada, una narradora inolvidable que se encuentra ingresada en un sanatorio mental. Su mente es un batiburrillo de recuerdos distorsionados por los fármacos, pesadillas y medias verdades. Desde esa cama de hospital, rota, herida y despojada de su identidad, nos va reconstruyendo de forma muy fragmentada las circunstancias de su infancia: el momento en que su padre, apodado el Capitán —un antiguo hippie, paranoico, alcohólico y fracasado—, decidió obligar a su mujer y a sus cinco hijos a abandonar Granada para instalarse en un bosque inaccesible de secuoyas entre las Alpujarras y Sierra Nevada. Lo que prometía ser una huida de un sistema consumista que los aplastaba, termina convirtiéndose en un viaje sin retorno hacia la locura, el abandono y la depravación más absoluta, donde este grupo de niños asilvestrados se ve obligado a dejar de vivir para empezar a sobrevivir.
Sumergirme en el interior de esa familia enajenada me resultó una experiencia agobiante, tensa y dolorosamente triste. La atmósfera que logra crear Navarro es tan opresiva que avanzas en la lectura con el cuerpo en tensión constante, sintiendo que la frontera entre lo real y la paranoia se va diluyendo en la nieve del bosque. El gran acierto de la novela reside en que el verdadero horror no proviene de los mitos, las luces parpadeantes o las presencias inquietantes con garras que habitan en la espesura del bosque, sino de la propia mente humana y de las dinámicas domésticas perversas. Ver cómo el Capitán mueve a sus hijos como si fuera un dios profético y tiránico, tratándolos como soldados o esclavos mientras los sumerge en el desamparo absoluto, me revolvió las entrañas. Te hace plantearte preguntas incomodísimas que te persiguen durante los capítulos: ¿qué pasa cuando quien más debe cuidar de ti es tu mayor peligro?, ¿se puede reparar lo que se rompe en nuestros primeros años de vida?
Admito que me fascinó la construcción de los personajes, en especial el magnetismo odioso y tragicómico del Capitán, y la dolorosa fascinación que Nada siente por él. Cada hermano asume un rol diferente ante la perversidad, convirtiéndose a la vez en víctimas y verdugos. Sin embargo, si tengo que ser honesta y admitir mi subjetividad, hubo bastantes aspectos que me dejaron una inevitable sensación de frustración y se me hicieron un poco cuesta arriba. El primero es que, para mi gusto personal, la novela es un pelín más larga de lo que la trama requería; en la parte central sentí que la historia se estancaba y se volvía demasiado repetitiva, dándole vueltas a las mismas atmósferas lánguidas y deprimentes sin avanzar hacia ningún destino concreto. Al no haber una dirección clara, el recurso del flujo de pensamiento termina por agotar un poco, volviéndose denso de más.
Además, el estilo de la prosa, aunque entiendo que busca esa crudeza poética, no siempre resulta consistente. El uso de la puntuación y las licencias en el habla granadina de la niña me parecieron de vez en cuando un tanto arbitrarias, como si el autor se tomara libertades que rompen la verosimilitud de la voz de Nada solo por estética. Ese tono "embarullado" e inconexo, sumado a capítulos extremadamente cortos que a veces apenas superan las dos páginas, fragmenta el ritmo de tal manera que sabotea la tensión dramática que se venía construyendo. A ratos sentí que la novela dependía demasiado de la atmósfera telúrica y de los elementos de fábula e imaginería onírica —que a veces rozan el cliché, como la típica vieja decrépita con garras— en lugar de profundizar en el arco emocional de los hermanos secundarios, quienes se quedan como meros bocetos de la crueldad.
El clímax final, aunque potente en sus imágenes, me pareció un tanto decepcionante por su extrema ambigüedad. Navarro opta por dejar demasiados cabos sueltos y un reguero de preguntas sin resolver; nunca llegamos a entender del todo qué fue literal, qué se inventó la protagonista o cómo terminó exactamente en ese sanatorio. Esa insistencia en dejar el final a la libre interpretación del lector se siente más como una salida cómoda para no cerrar las tramas que como un acierto artístico, provocando que la novela se perciba inacabada y frustrante.
A pesar de estos baches y de que la abrumadora debilidad de la madre pasiva llegó a sacarme de quicio, la increíble belleza de los paisajes granadinos compensa parte de la caída. La novela tiene una lírica sucia que te atrapa, obligándote a mirar de frente heridas psicológicas muy incómodas. Logra que te encariñes de una forma desgarradora con esa alimaña silvestre que es Nada, deseando protegerla de su propia familia y del sistema que permitió su desatención en primer lugar.
En resumen, Crisálida es una novela brutal, intensa y valiente que utiliza los códigos del terror contemporáneo para explorar el trauma infantil, pero que flaquea en su ritmo fragmentado y en un desenlace excesivamente ambiguo. Recomiendo esta perturbadora experiencia a quienes disfruten de las historias psicológicas densas y oscuras y que tengan la paciencia para tolerar una narración inconexa; les aconsejo que se acerquen a ella listos para el debate y preparados para una atmósfera asfixiante que no siempre da las respuestas que promete.
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Con esto concluimos el día de hoy, espero que les guste la reseña, como siempre me encantaría conocer su opinión al respecto.
¡Nos vemos en la próxima, chao!






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