¡Hola a todos! Bienvenidos una vez más a Enredados entre Libros. Espero que estén teniendo un día excelente. Hoy regresamos al blog con una nueva reseña que tenía muchas ganas de compartir; espero que les guste:
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Sinopsis
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Nació de un poder maligno tan viejo como increíble. Fue abandonado a la
puerta del Infierno, y tuvo que descubrir por sí mismo los infinitos y
terribles caminos de la oscuridad: un bebé monstruoso perdido en el bosque que
alcanzó rápidamente la madurez. Puede ver tus sueños. Puede entrar en tu mente.
Puede absorber tu espíritu y seducirte con sus ojos relucientes, y puede
llevarte con él a un viaje que termina en un lugar mucho peor que la muerte,
donde la lujuria y el hambre jamás consiguen satisfacerse...
Eres su esclavo. Eres su alimento. Eres su ejército. Tiene tantas ganas
de conocerte...
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Opinión
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Qué
locura de experiencia fue abrir este libro, de verdad. Todo comenzó porque
resultó ser el libro ganador para la lectura del mes de julio del club de
lectura Letras Macabras, ya que, para ser completamente honesta, yo no tenía ni
la más mínima idea de la existencia de esta obra y jamás en mi vida había
escuchado hablar del término splatterpunk. Estaba completamente a
ciegas, pero terminar este viaje tan salvaje por el Manhattan de los años
ochenta fue toda una revelación. Disfrute el haber descubierto un estilo de
terror tan crudo y sin concesiones que me tomó por sorpresa de la mejor manera
posible.
Desde
las primeras páginas, la ambientación me atrapó por completo. John Skipp y
Craig Spector no se andan con rodeos y te lanzan de cabeza a una Nueva York que
se siente sucia, mugrienta, peligrosa y absolutamente viva. No es la ciudad
turística y brillante; es el Manhattan subterráneo, el de los callejones
oscuros, las pandillas y los cines grindhouse que tanto me fascinan. Ese
trasfondo le da una atmósfera espectacular. La historia arranca con fuerza
bruta en los túneles del metro, donde un antiguo mal termina transformando a
Rudy Pasko, un joven punk de cabello rubio platino, en una criatura de la noche
despiadado y egoísta. Ver cómo Rudy abraza su transformación no desde el
sufrimiento gótico, sino desde una megalomanía absoluta y un nihilismo
destructor, me pareció divertidísimo y emocionante a partes iguales. El tipo
está podrido de pies a cabeza y no tiene salvación, y admito que me encantó ver
a un monstruo que realmente actúa como tal, sin remordimientos ni romanticismos
baratos.
Si
tengo que ser sincera y hablar de lo que no me terminó de convencer,
definitivamente tengo que mencionar la escritura de la primera mitad. A ver, no
es que sea mala, pero hubo momentos en los que de verdad me pregunté si los
autores se estaban fumando algo mientras escribían. Salían con unas
comparaciones que me dejaban con el ojo cuadrado. Hay una frase en particular
que me hizo parar la lectura y reír de la incredulidad: "Stephen estaba
silencioso como la cabeza de un alce disecado". ¡Vamos, por favor!
¿Quién piensa en un alce disecado en medio de una tensión vampírica? A veces se
sentían demasiado exagerados. Además, la estructura de esa primera parte me
resultó bastante caótica. Los autores optaron por una perspectiva omnisciente
que salta de la mente de un personaje a otro con una rapidez que te marea. Me
costó bastante tiempo acostumbrarme a ese ritmo y descifrar quién estaba
pensando qué en cada párrafo.
A
esto le sumamos que el desarrollo de los personajes deja algo que desear si
buscas profundidad psicológica. Aunque todos son muy únicos y memorables en su
superficie, sus motivaciones a veces se sienten un poco al aire. Y la forma en
que manejan las relaciones... bueno, creo que los autores tenían una concepción
bastante irreal o fantasiosa del amor. Me dio mucha risa ver cómo se formaban
parejas a la menor provocación, con chicas guapísimas cayendo rendidas e
instantáneamente enamoradas de frikis que juegan a Calabozos y Dragones.
Se nota mucho que era el ideal que a los autores les hubiera gustado vivir,
pero admito que, dentro de todo ese caos ochentero, le aportaba un toque cursi
que equilibraba tanta sangre.
Pero
cuando el libro acierta, acierta en grande. A pesar de los tropiezos
estilísticos, los autores logran momentos de una genialidad transgresora
brutal. El gore y el terror están manejados con una soltura maravillosa que te
mantiene pegada a las páginas. A mí me recordó muchísimo al espíritu de las
películas clásicas de vampiros de esa década. Hubo detalles que me parecieron
un poco ridículos, como el hecho de que a los vampiros les brillen los ojos de
color rojo intenso —lo sentí un poco cliché y exagerado—, pero supongo que es
parte del encanto de la época. Lo que sí me fascinó por completo fue cómo
describieron el impacto físico y psicológico que provocan la cruz y el agua
bendita en los vampiros, narrado directamente desde la perspectiva del propio
monstruo. Sentir el dolor y la repulsión mística a través de sus ojos fue un
detalle brillante.
La segunda mitad de la novela mejora muchísimo y es un viaje vertiginoso, como si te subieras a una escalera mecánica a toda velocidad y no pudieras bajarte. Una vez que el grupo de sobrevivientes y cazadores improvisados se une para ir tras Rudy por las sucias calles de Manhattan, la tensión se vuelve insoportable. Me dolió un poco que la amenaza inicial del vampiro ancestral quedara relegado a ser un mero observador divertido de las locuras de Rudy, dejando esa subtrama un poco en el aire, pero el clímax compensa cualquier cabo suelto. Sentí una camaradería vibrante y muy apasionada entre este grupo de personas dispares y enérgicos que arriesgan todo para salvar vidas. Incluso hubo bajas que me parecieron desgarradoras.





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