¡Hola a todos! Les doy la bienvenida una vez
más a Enredados entre libros, el día
de hoy les traigo la sección del problema lector con la siguiente cuestión:
Siempre he preferido leer en el transporte público
para hacer el viaje más ameno y aprovechar el tiempo, y aunque a menudo me topo
con diálogos tan divertidos que me causan risa, por lo general logro contenerme
a tiempo para evitar la vergüenza de que piensen que me río de la nada. Sin
embargo, en un par de ocasiones la literatura me ha ganado la partida y el
esfuerzo ha sido inútil; afortunadamente, en esos momentos de debilidad no he
llegado a soltar una carcajada escandalosa, sino una risita nerviosa y ahogada.
Aun así, el simple hecho de romper el silencio del taxi con ese pequeño
arranque ha sido suficiente para que un par de pasajeros se volteen a verme
raro y me juzguen con la mirada, obligándome a esconder el rostro detrás de las
páginas para disimular y convencerlos de que no me he vuelto loca.














