VadeReto: Abril 2026- Filete de Siglo Pasado
abril 20, 2026¡Hola a todos! Bienvenidos nuevamente a Enredados entre Libros. Hoy les traigo mi participación en el
VadeReto de este mes de Acervo de
Letras, les dejo AQUÍ el link para que revisen la base del
reto.
La propuesta para este mes es: EL DESPERTAR. Las condiciones para este reto son:
∞ El personaje principal del relato es el durmiente
criogenizado.
∞ El tiempo pasa hasta que, de alguna forma,
despierta. ¿Cuánto? Un año, un lustro, un siglo, un milenio…
∞ ¿Será un despertar voluntario o accidental?
∞ ¿Qué se encontrará cuando lo haga?
∞ Podéis elucubrar sobre el paso del tiempo, el
cambio del mundo, los seres que lo descubran, la forma de «regresar» a la vida…
∞ La cita temporal puede ser pasada o futura; una
utopía o una distopía; un espacio terrenal o espiritual; la misma tierra o un
planeta del universo…
∞ De la misma forma, podéis dirigir el relato hacia
lo grotesco, el drama, la comedia, la ciencia ficción, el thriller, el terror…
∞ Podéis representar un monólogo del
durmiente/despierto o la interacción de este con los que lo despiertan.
Cita:
«Dormí, y
en el sueño olvidé quién era. Al despertar, tampoco lo recordé».
Clarice Lispector/ La Pasión según G.H.
Después de leer las bases del reto, me puse a pensar: ¿qué pasaría si despertamos siglos después y lo único que ha evolucionado son nuestros pulgares de tanto hacer scroll? Aquí les comparto Filete de Siglo Pasado, mi participación para este desafío. Prepárense para un poco de nitrógeno líquido, crisis existenciales y el miedo real a despertar en un mundo donde el café ya no existe.
﹀﹀﹀ • • • Filete de Siglo Pasado━━━
El zumbido del nitrógeno líquido ha sido mi única nana desde hace... ¿cuánto? ¿Tres siglos? ¿Cinco? Da igual. Aquí dentro, atrapada en mi cubito de hielo personal, tengo tiempo de sobra para repensar cada una de mis pésimas decisiones de vida. "Congélate", dijeron. "Despierta en una utopía", dijeron. Seguro que ahora los coches vuelan, el cáncer se cura con un caramelo de menta y los políticos han desarrollado algo parecido a una conciencia.
Oigo pasos. Tac, tac, tac. Los científicos corretean fuera como cucarachas en una cocina iluminada. Siento cómo el calor empieza a lamer mi piel tiesa; es como ser un filete de oferta descongelándose en el microondas, pero con un poco más de dignidad, espero. Me pregunto si todavía existirá el café o si ahora la humanidad se alimenta por fotosíntesis para no herir los sentimientos de las lechugas. Sería el colmo: despertar en un futuro donde el placer de una hamburguesa grasienta ha sido reemplazado por la culpa existencial y un batido de algas con sabor a tristeza.
¿Seguirán usando calcetines? ¿Habrá ganado alguien la guerra contra las arrugas o seré la única reliquia con piel de bebé en un mundo de pasas tecnológicas? Cuestiono seriamente mi optimismo de los años veinte. Probablemente el idioma oficial sea el emoji o el baile de TikTok sea la única forma legal de saludar. Muero por ver si resolvieron el hambre mundial o si solo inventaron una app para ignorarla con más estilo. Me imagino a los futuros humanos como seres sabios, pero conociendo nuestra genética, seguro evolucionaron para tener pulgares más largos de tanto scrollear pantallas invisibles.
Espero que no me hayan despertado porque se quedaron sin personal de limpieza o porque soy la única que sabe usar un abrelatas manual. ¡Oh, Dios! ¿Y si mis ahorros no valen nada porque la moneda oficial son los "créditos de karma"? Si no puedo comprarme un piso con trescientos años de intereses acumulados, juro que me vuelvo a meter en el hielo otros dos milenios.
De repente, el sello de mi tumba de cristal estalla con un siseo hidráulico. El frío se escapa y mis párpados, pesados como lápidas, se ven obligados a trabajar.
—¡Está despertando! —grita una voz que suena a lija—. ¡Rápido, traigan el kit de bienvenida!
Una luz blanca, violenta y carente de toda piedad, me golpea las pupilas. Estoy ciega. Fantástico. He viajado quién sabe cuánto tiempo para que lo primero que vea sea una migraña nuclear.
—Bienvenida al 2254, Sujeto 42 —dijo una voz sospechosamente sintetizada—. No intentes vomitar tus órganos, es un efecto secundario del anticongelante.
Logré enfocar la vista. Un tipo con un traje de papel aluminio y visera fluorescente me miraba. No había coches voladores, solo una pared gris con un póster: "Sonreír es obligatorio para la eficiencia energética".
—¿Dónde... estoy? —grazné con la garganta llena de cristales rotos.
—En el Sector de Reubicación de Activos Históricos. Te despertamos porque hay una crisis económica global y necesitamos tu código de acceso a Netflix de 2024. El algoritmo de entretenimiento se quedó sin ideas y tu cuenta es una reliquia de valor incalculable.
Me quedé helada, y no por el nitrógeno.
—¿Me han descongelado después de siglos... para que les preste mi contraseña? —pregunté, sintiendo la bilis subir—. Espero que al menos el mundo sea una utopía verde.
El científico soltó una carcajada metálica.
—¿Verde? El verde fue cancelado en el 2110 por ser ofensivo para las máquinas. Pero hey, ya no hay redes sociales; ahora tus pensamientos se proyectan en una pantalla en la plaza pública. Es muy democrático e insoportable.
Cerré los ojos con fuerza.
—¿Pueden volver a congelarme? Olvidé decirles que mi contraseña tiene caracteres especiales y no la recuerdo. Vuelvan a intentarlo en otros quinientos años, a ver si para entonces ya se han extinguido del todo.
—Lo siento —dijo el tipo, acercándome un contrato digital—. El seguro solo cubría un descongelamiento. Ahora, firma aquí y dinos: ¿era "Perrito123" o "Perrito123*"? El destino del entretenimiento mundial depende de ti.
Definitivamente, la humanidad no había evolucionado; solo había perfeccionado su capacidad para ser decepcionante.
Con esto concluimos el día de hoy,
me encantaría conocer su opinión al respecto.
¡Nos vemos en la próxima, chao!






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