VadeReto: Febrero 2026- El Soberano de los Abismos
febrero 23, 2026¡Hola a todos! Bienvenidos nuevamente a Enredados entre Libros. Hoy les traigo mi participación en el
VadeReto de este mes de Acervo de
Letras, les dejo AQUÍ el link para que revisen la base del
reto.
La propuesta para este mes es: DISFRACES. Las condiciones para este reto son:
∞ Será preferible que el escenario del cuento ocurra
durante los Carnavales.
∞ Si será indispensable que el disfraz sea el sujeto
principal.
∞ Se puede jugar con la identificación del disfraz.
Es decir, detallar específicamente de qué se trata o, simplemente, dar pistas
al lector para que adivine de qué forma está enmascarado el personaje.
∞ Por último, también se tiene libertad para el
género literario: algo divertido, que nos haga sonreír, como el Carnaval;
escenas dramáticas, que muestren lo peor de la máscara; situaciones intrigantes
y misteriosas, jugar con la identidad; puro terror, no hay nada más aterrador
que no saber la naturaleza de qué o a quién ves; y también, por qué no, usar
los antifaces como herramienta romántica, ¿una cita a ciegas?
Cita:
«
Queremos ser vistas, pero también
queremos ser invisibles. El disfraz nos da ambas cosas».
Margaret Atwood
El Cuento de la Criada
Al leer los requerimientos del reto, y como amante del BL, sentí que la temática de carnaval y disfraces era el escenario perfecto para una cita a ciegas y un primer encuentro algo inesperado, pero emocionante. Sin más, les comparto mi participación de este mes:
﹀﹀﹀ • • • El Soberano de los Abismos━━━
Bajo el cielo púrpura de Venecia, los Carnavales no eran solo una festividad, eran un espectáculo donde la realidad se suspendía entre hilos de seda y terciopelo. Para René, esa noche representaba el clímax de semanas de mensajes con alguien que solo conocía en línea. Habían acordado encontrarse en el Puente de los Suspiros, guiados por el misterio de los disfraces y el secreto de los antifaces.
René ajustó su capa carmesí, sosteniendo una caracola de cristal. En su mente, Ariel era una visión de cuento: imaginaba una melena rojiza y un vestido de espuma de mar. Había dado por hecho que Ariel era una mujer, no solo por la dulzura de sus mensajes, sino por la inevitable asociación con la película de la sirenita. Con esa idea fija, buscaba una silueta femenina entre la multitud.
De pronto, una figura emergió de las sombras. No era una princesa, sino una obra maestra de la costura barroca: el " Soberano de los Abismos". El sujeto vestía una casaca de seda tornasolada que imitaba escamas, adornada con perlas negras que goteaban sobre sus hombros. Su rostro estaba cubierto por uno de esos antifaces de porcelana plateada con relieves de corales que solo dejaban ver unos ojos intensos.
—¿René? —la voz era baja y masculina.
René retrocedió un paso, atónito. La figura frente a él se convirtió en el centro de su desconcierto. Ariel no era una chica; era un hombre cuya presencia magnética hacía que el disfraz pareciera cobrar vida propia.
—¿Ariel? —balbuceó René—. Pero... yo pensaba... por el nombre... la película...
Ariel soltó una risa juguetona y se acercó lentamente, invadiendo el espacio personal de René. Detectó la confusión de inmediato y, lejos de incomodarse, decidió jugar sus cartas. Se inclinó hacia el oído de René, permitiendo que el frío metal de su máscara rozara la mejilla del otro.
—¿Te decepciona que no tenga aleta, René? —susurró Ariel con un tono marcadamente coqueto—. Porque yo estoy muy lejos de estar decepcionado contigo. Eres mucho más interesante que tu foto de perfil.
Ariel deslizó un dedo enguantado por la mejilla de René, manteniendo una mirada atenta a sus reacciones. René sintió un vuelco violento en el estómago. Se consideraba un hombre estrictamente heterosexual, pero la seguridad con la que aquel chico lo rondaba, sumada a la fastuosidad de su atuendo, lo dejó desarmado. Su pulso se aceleró de una forma que nunca había experimentado con ninguna mujer.
—Yo no... yo no soy... —intentó decir René, pero las palabras se le atascaron en la garganta al ver cómo Ariel se acomodaba un rizo rebelde tras el antifaz con una elegancia felina.
—No tienes que ser nada esta noche —dijo Ariel, dándole una vuelta lenta para que René apreciara el detalle de su espalda, donde el traje parecía fundirse con su piel—. Solo déjate llevar por el espectáculo. ¿O es que prefieres esperar a otro Ariel que sí use vestido?
René tragó saliva. El corazón le martilleaba el pecho. Sabía que se suponía que no debía sentir esa atracción, que aquello rompía sus esquemas de identidad, pero la forma en que Ariel lo miraba a través de las cuencas de plata lo tenía hechizado. A pesar de su supuesta heterosexualidad, no podía apartar la vista de aquel hombre que, bajo el amparo de los disfraces, le estaba ofreciendo una noche que su lógica no podía explicar, pero que su cuerpo deseaba explorar. Podría decirse que este Carnaval fue el inicio de algo especial.
Con esto concluimos el día de hoy,
me encantaría conocer su opinión al respecto.
¡Nos vemos en la próxima, chao!







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