VadeReto: Enero 2026- Acero y estática
enero 23, 2026¡Hola a todos! Bienvenidos nuevamente a Enredados entre Libros. Hoy les traigo mi participación en el
VadeReto de este mes de Acervo de
Letras, les dejo AQUÍ el link para que revisen la base del
reto.
La propuesta para este mes es: REYES Y MAGOS. Las condiciones para este reto son:
∞ Entre los personajes del relato tiene que aparecer, al menos, un
Rey y un Mago. Los dos juntitos o revueltos, enfrentados o amigos, rivales o
colegas… Pero los dos.
∞ El género debe ser, preferentemente, la Fantasía. Aunque, si quieren meter a los anteriores en una historia que sea de: terror, misterio, ciencia ficción, romanticismo, aventuras… ¡Se vale!
Cita:
«
En tiempos de reyes, los magos no
gobiernan, pero sin ellos ningún rey llega a serlo».
J.R.R. Tolkien
En cuanto leí que el reto consistía en tener a los personajes “juntos o revueltos”, supe que debía incluir romance. Como alguien que disfruta del BL, era algo que sencillamente no podía dejar pasar. Sin más, les comparto mi participación de este mes:
﹀﹀﹀ • • • Acero y estática━━━
El ruido de los cuernos élficos no paraba. Era un sonido constante, seco, que se colaba por las piedras de la fortaleza y recordaba que el bosque se estaba moviendo contra ellos. Dentro de la tienda, el aire estaba viciado; olía a metal caliente, a sudor y a esa estática pesada que siempre rodeaba a Silas cuando pasaba demasiadas horas lanzando hechizos.
Alaric se quitó el guantelete de metal y lo arrojó sobre la mesa de mapas sin mirar dónde caía. Solo cuando se aseguró de que los guardias habían bajado la lona de la entrada, se permitió soltar el aire y encorvar la espalda. Ya no era el rey que los generales necesitaban ver; solo era un hombre agotado.
—El flanco este está cediendo, Silas —dijo, con la voz raspada por el polvo.
Silas salió de las sombras. En el consejo de guerra, el mago era una figura de hielo, alguien a quien los nobles temían casi tanto como a los elfos. Pero allí, a solas, sus manos se movían con una urgencia distinta. Se acercó a Alaric y empezó a soltar las correas de su coraza con movimientos mecánicos, precisos.
—Mis barreras aguantarán hasta que salga el sol —respondió Silas, sin levantar la vista del cuero y el metal—. Pero tú no.
Alaric no respondió. Se limitó a girarse y apoyar la frente en el hombro del mago, cerrando los ojos. No había nada de poético en ese momento; solo era la necesidad física de tocar a la única persona que no le pedía un milagro. Su relación era un secreto a voces que nadie se atrevía a confirmar, un riesgo constante que pesaba tanto como la guerra misma.
—Si mañana entran por la brecha, quiero que te retires con la retaguardia —ordenó Alaric contra su túnica.
Silas se tensó y, por primera vez, le obligó a levantar la cabeza para mirarlo a los ojos. No hubo promesas grandilocuentes de amor eterno, solo una determinación fría y absoluta.
—No voy a dejarte solo para que seas un mártir, Alaric. Si el muro cae, nos encontrarán aquí, juntos o muertos. No me pidas que elija entre mi deber y lo único que me mantiene cuerdo en esta carnicería.
El rey asintió apenas, aceptando la sentencia. Se quedaron así, en silencio, escuchando cómo el mundo exterior seguía rompiéndose, mientras en esa pequeña habitación el tiempo parecía detenerse lo justo para recordar por qué seguían peleando.
Con esto concluimos el día de hoy,
me encantaría conocer su opinión al respecto.
¡Nos vemos en la próxima, chao!







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